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domingo, 17 de febrero de 2013

Volvimos a la Vega del Tajuña

Volvimos al Rancho Aguadulce de Anghelo y Sonia en las cercanías de Villarejo.
Nos recibieron con su amabilidad acostumbrada. Su centro es pequeño pero con unos caballos espectaculares, trabajados y domados a la perfección.


La tarea en el cine y en la televisión de Anghelo sin duda se nota en el estado de sus caballos. Con un simple silbido reaccionan con celeridad, aflojando o acelerando el paso. Un leve toque, una ligera presión de las caderas y se dirigen hacia donde deseas. Es una delicia galopar sobre ellos. Sólo les falta hablar pero eso ya lo ponemos nosotros.
En el plan de hoy participaban dos grupos, uno por la mañana y otro a primera hora de la tarde.
Salimos a las 13:30 después de las indicaciones, sugerencias y consejos en el propio picadero. Hacía un día excelente, soleado pero sin calor excesivo, ideal para un día de campo a caballo.


Serpenteamos por olivares entre pequeñas colinas, subiendo y bajando suaves lomas hasta que llegamos a una empinada subida que culminaba en un cerro desde el que se divisaba una espectacular vista de toda la vega plagada de campos preparados para la siembra alternando con tierras por las que asomaban ya los primeros brotes del cereal, olivares, algún viñedo y las pequeñas lomas cobijo de liebres y conejos a los que más tarde vimos correr delante nuestro.


Bajamos el empinado cerro o más bien nos bajaron hábilmente  nuestros caballos y en seguida, después de preguntar quien quería dar una galopada y quien prefería quedarse y hacer todo el itinerario al paso o al trote  (no hay que forzar y cada uno a su aire según su nivel) nos dimos la primera galopada flanqueados por dos filas de olivos como si estuvieran haciendo guardia y escoltándonos mientras pasábamos a galope entre ellos.
Continuamos serpenteando, bajando y subiendo los innumerables cerros que componen el paisaje situado entre el Tajuña y el Tajo.


Ya habíamos visto varios conejos correr veloces alejándose de las patas de nuestros caballos cuando Anghelo nos señaló hacia el cielo para que viéramos  el vuelo de una espectacular aguila que probablemente también se había fijado en nuestros vecinos y acompañantes, los conejos. Tras la primera apareció una segunda, luego una tercera y por fín una cuarta, planeando y volando en círculo sobre uno de los montes cercanos.
Marta, apasionada de la cetrería nos dejó con la boca abierta contándonos su experiencia en una jornada en la que había participado.


En una de las suaves pendientes aprovechamos para volver a poner a nuestros caballos a galope y después de otro rato de paso y algún breve trote Anghelo nos indicó un largo camino con una leve subida para que los que quisiéramos pudiéramos volver a galopar. UAUHHHHH, me faltan haches, impresionante, lo pondría todo con mayúsculas si así pudiera describir y transmitir la increíble sensación mezcla de alegría, euforía y libertad que en ese momento sentía.


De regreso, al paso, con los caballos olfateando ya sus cuadras, el comentario era "qué rápido se nos ha pasado".
Después de desensillar los caballos y recibir al segundo grupo no dispusimos a tomarnos nuestros bocatas en el pequeño merendero del Rancho. Después de la ruta, nuestros bocadillos de pollo empanado, tortilla, jamón .... nos supo a gloria. Y de aperitivo las patatas de Teresa con una cerveza para que no faltara de nada.

Y para bajar los bocatas, mientras el segundo grupo se preparaba para salir, Alberto, Marta, Mayte, Neo (su juguetón perro) y yo nos dimos un paseo en el que aprovechamos para "elocubrar"  y soñar sobre la casita que nos compraríamos, con una gran chimenea, un huerto para cultivar las verduras que luego nos comeríamos, una zona en la que Mayte fabricaría sus perfumes y jabones y un amplio jardín de hierba en el que pastarían nuestros caballos.
De vez en cuando los ladridos de Neo nos devolvían a la realidad.
Para terminar, antes de coger los coches, consultamos el calendario de Alberto para fijar la próxima cita, en principio por el Valle del Lozoya .... pero eso ya lo contaremos.

Feliz y a galope semana!!

domingo, 11 de marzo de 2012

Y llegó el gran día


La semana se me pasó en un suspiro, supongo que por las ganas que tenía de salir de ruta. El martes y el miércoles había tenido que estar en Zaragoza por trabajo y el jueves y el viernes procuré contestar las dudas que iban surgiendo sobre el plan: cómo quedamos, quién lleva coche, hay plazas libre, dónde comeremos, hay que llevar ropa de abrigo …
Lo que más me preocupaba, dados los comentarios negativos que me habían contado sobre lo “malquedas” de muchos que se apuntaban a planes,  era que de los apuntados al nuestro hubiera muchos que luego no se presentaran.
Por eso cuando en el lugar de reunión comenzaron a llegar Sally, Rebeca, Alberto, Katrina, Fernando, Silvia, Alberto2 respiré tranquilo, ya eramos 8 y me acababa de llamar Laura para decirme que ella y Justo iban directamente al “Rancho” osea que … teníamos pleno!!
Pues sí, es lo primero a destacar, el grupo de participantes. Increíble pero todos agradables, simpáticos, resueltos, colaboradores, cada uno, eso sí, con su “particularidad”, su sal y su pimienta, pero todos gente extraordinaria con la que no me importaría compartir cualquier ruta.

Llegamos al pequeño picadero “Rancho AguaDulce” en donde Anghelo y Sonia cuidan y mantienen con esmero y buen hacer su cuadra. No tienen muchos caballos, sólo los que ellos pueden mantener en perfecto estado y en efecto, pudimos comprobarlo, casi no había que tocar las riendas, casi se les podía dirigir con la voz. Un suave toque, un suave giro de cadera, una leve presión de piernas y Moro, Candela o cualquiera del resto obedecían sin tardanza.
Mientras esperábamos que regresara el primer grupo, los que salíamos en segundo lugar nos cruzamos a Villarejo. Un breve paseo por la plaza, viendo el castillo y la monumental Nuestra Señora de Lepanto y a buscar una terraza soleada en donde tomar unas tapas. Y no tardamos en encontrarla siguiendo las indicaciones de Albertoinformatico que supo guiarnos con paso firme, después de preguntar a unos lugareños.
En la terraza dimos buena cuenta de una excelente ensalada, unos ibéricos a los que Yako, el perrito de Laura, seguro que no hubiera puesto pegas si se los hubiéramos ofrecido y una rica parrillada de verduras seguramente bañadas por el cercano Tajo.
Volvimos al picadero con curiosidad por saber como les había ido a los del primer grupo y nos sentimos aliviados al escuchar los positivos comentarios de todos. Katrina, en el próximo seguro que galoparás más, palabra.
Salimos el segundo grupo y enseguida, tras una suave cuesta y un giro a la derecha ….unas vistas impresionantes en donde se iban alternando los montes de arbustos y retamas con los páramos, los encinares, los campos de labor, alguna casa de labranza, campos de olivares y el Tajo en la lejanía.

Seguimos subiendo y bajando cuestas y montes, dando alguna que otra galopada entre olivos y realizando alguna parada de vez en cuando para corregir posturas o simplemente contemplar el paisaje.
La hora y media se pasó en un instante, regresamos con cara de “peroquerapidosehapasado” y comentando esto hay que repetirlo. Así que ahora …. a preparar la siguiente.