miércoles, 12 de marzo de 2014

Por los Montes de El Pardo

Primer fin de semana de sol en Madrid después de varias semanas de intensas lluvias y nos lanzamos al campo como "poseidos". Y el resultado no pudo ser mejor.
En primer lugar hay que decir que montar a caballo a 8 kms de la Puerta del Sol es un auténtico lujo, nada caro por cierto.
Si le añadimos el magnífico mar de encinas por el que cabalgamos, el espléndido sol que nos acompañaba y que los caballos resultaron ser unos preciosos y nobles arabes, entendereis que todos los mimbres estaban preparados para una magnífica obra.



La gente de Rancho Montecarmelo resultó de lo más amable y sus caballos ideales para realizar una agradable ruta. La mayoría con bastante sangre árabe, ágiles, nobles, rápidos cuando se les pedía y resistentes.


Y de El Pardo ¿qué voy a decir?. Lugar de recuerdos imborrables de la niñez cuando la familia acudía numerosos domingos a comer bajo sus encinas, unas veces, o en sus pinares, otras; y a ver los numerosos venados, jabalies y demás fauna abundante.



 El Monte de El Pardo está formado por lomas pequeñas y onduladas, que bajan en suave pendiente hacia el valle del Manzanares, que lo atraviesa de norte a sur.
Se trata de un bosque mediterráneo continentalizado, integrado por encinares que dejan paso a alcornoques, fresnos, chopos, quejigos, enebros y jaras.
Dada su condición histórica como coto de caza, las especies cinegéticas son abundantes, tanto las de caza menor (conejo, perdiz roja, paloma torcaz...) como mayor (ciervo, gamo, jabalí...).




El Rancho se encuentra a escasos metros de la tapia que circunda El Monte, la atravesamos por una zona en la que está derruida y al poco pasamos junto a la Quinta del Duque, residencia de importantes miembros de la nobleza del XVII y XVIII con unos jardines diseñados al estilo de los de la Granja de San Ildefenso.
Valy, nuestro amable guia, se esforzaba en contarnos anécdotas de su relación con los caballos y de su estancia en España.
En justa compensación, por nuestra parte le contamos algo de historia de España aprovechando las cercanías al palacio, residencia del, tantos años, dictador.


Las mellizas Marta y Adriana disfrutaron del paseo y nada más llegar hablaron con los responsables del Rancho para comenzar en breve a dar clase con ellos.
Teresa, por su parte, se habría quedado montando todo el día si la hubieran dejado, como no era posible se contentó haciendo planes para cuando le toque la lotería.




Después de la ruta, aprovechando la buena temperatura, buscamos un sitio para comer bajo unos pinos y terminamos en la terraza de un merendero tomando un café con hielo que nos supo a gloria y nos permitió ver el calendario y planear la próxima ruta .... probablemente el próximo día 5 de abril por el valle del Lozoya.


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